¿Para qué nos contamos una historia? Segunda parte: ¿de dónde llegan las fuentes?

En la música clásica indostaní se tocan pocas composiciones escritas; es más habitual que los músicos improvisen con diferentes escalas, o grupos de notas, llamadas raga. Los raga están relacionados con momentos de la jornada, porque cada combinación de notas tiene una resonancia específica, que es la más afín a un momento del día. Por ejemplo, una combinación de notas bajas y agudas afín a los últimos instantes de la tarde, cuando no es ni de noche ni de día, o notas bajas, que se tocan con un ritmo pausado, para los días de lluvia. De esta manera músicos y oyentes integran el sonido con la sensación (rasa) del momento.

¿Pero, quién decidió qué sonidos se tocan en cada momento? Los humanos que estuvieron vivieron antes que nosotros, ¿inventaron las combinaciones de notas idóneas para cada momento del día, o lo aprendieron del entorno?

Se dice que en el origen de los tiempos las raga emergieron de la matriz del universo como el sonido de los cinco elementos. El raga Deepak (dípak) apareció resonando con el fuego. El elemento tierra apareció resonando con el raga Shrí. El elemento agua apareció resonando con el raga Megh. El cielo, o éter, algunos dicen que resonaba con el raga Malkauns y otros con Bhairav, mientras el viento energético universal resonaba con el raga Hindol.

Cada uno de estos raga se casó con seis ragini, o seis raga femeninos, y tuvieron hijos. Estos hijos formaron tribus, o clanes (jati), que son todas las familias de raga que existen en la música clásica indostaní. Lo cual quiere decir que en el sonido también se pueden reconocer linajes, si sabemos escuchar.

Por otro lado, una historia que nos cuenta el Mahābhārata -una historia que empezaré a transitar lentamente a partir de esta entrada- es la del enfrentamiento del rishi Vishvamitra con el gran rishi Vashishtha:

Antes de llamarse Vishvamitra, y convertirse en un rishi, o sabio visionario, Vishvamitra fue rey. Por su parte Vashishtha es un rishi de nacimiento, y uno de los referentes más importantes de rishi, porque nació directamente de la mente de la expansión creativa universal (Brahma)

Por sus aptitudes, Vashishtha se encargaba de cuidar a la vaca de la abundancia (Nándini, o Kámadhenu), de cuyas ubres emana todo lo que nutre al mundo. – Vishvamitra vio la vaca que cuidaba Vashishtha y la deseó para sí. –  Vishvamitra robó la vaca a Vashishtha usando su fuerza física superior.

Cuando la vaca le preguntó a Vashishtha por qué permitía que la secuestraran, este contestó:

-Él es un guerrero, su poder está en su fuerza. Yo soy un renunciante espiritual, mi poder está en la paciencia.

-Pero, ¿si no quiero estar con él, tengo derecho a liberarme? – preguntó la vaca de la abundancia.

-Puedes hacer lo que quieras – dijo Vashishtha.

Entonces la vaca de la abundancia universal parió guerreros de varias razas, que no existían hasta entonces, como los Yavana, que hay quien relaciona con los antiguos griegos, o los Mlecha, que somos todos los «bárbaros» que no hablamos sánscrito.

La vaca se liberó, gracias a aquellas tropas que lucharon por ella contra Vishvamitra. Y la historia continúa, y seguirá en la próxima entrada, pero hoy quería detenerme aquí, en la pregunta:

¿En qué momento se dividen las supuestas razas y culturas de la tierra?

Como con el sonido, ¿existen linajes que corresponden a matices distintos de la humanidad?

De alguna manera, la historia de Vashishtha y Vishvamitra es también la historia de la discordia. Porque diferenciar es separar, y la diferenciación llegó junto a la discordia. El camino de retorno sería, como en la música, la armonización, donde cada tono tiene su lugar en resonancia con los demás.

No lo sé del todo, pero siento que no hay mucha diferencia entre los linajes humanos y los del sonido, y que indagando en la diferencia entre el lenguaje humano y el sonido abstracto se disuelven las separaciones mentales de la discordia. ¡Oh diosa de los grillos! Pechos azules y mirada sin fondo. Dulce miel del sol. Brisa que nos acaricia desde el fondo de los tiempos. Cada vez que siento el viento, me dice: -Yo he acunado a todos tus ancestros, desde la India hasta el Sáhara.

La historia sobre los linajes de los raga se la escuché a la maestra de dhrupad Pelva Naik, en un encuentro personal, que pudo tener lugar gracias a Eulalia Cuixart de Sangitarasika, donde le pude preguntar en persona la pregunta que va a marcar las próximas entradas de este año: ¿Qué es la repetición, y qué es una experiencia?

Su respuesta (transcrita y traducida por mí del inglés):

-Una experiencia es algo que no se deriva de la memoria, está en el momento; es en el momento, cuando experimentas algo. Es un acto de recibimiento, ante todo. Es un proceso muy integrativo. También muy emocionante. No solamente una memoria, es nuevo y fresco, renace en cada momento. Es sensual, en el sentido de que la experiencia depende de los cinco sentidos. Es material, y a la vez el espíritu se reconoce en ella. La experiencia mayor tiene lugar en la rendición personal.

-La repetición es continuación. Algo no estancado; no muerto. Como un fluir. Energético y cíclico. Todo es cíclico, solo por repetición algo puede evolucionar. La evolución pasa en la repetición; es inherente a ella. Pasa continuamente.

La repetición es muy importante.

Si te han interesado las historias de los raga te recomiendo venir el próximo 28 de Julio a la presentación del espectáculo de música narrada, o narración musicalizada, que hemos desarrollado este invierno junto a Abdul Karim, músico de flauta bansuri tradicional.

Dependiendo de la hora en la que toque presentar el espectáculo, y de las condiciones atmosféricas, presentamos uno u otro raga. Con la palabra, presento el raga, las historias del sonido, del Aum, del lenguaje, y el arquetipo que representa el raga que oirás tocar. Así música de flauta clásica indostaní y palabras se funden en algo que va más allá del análisis y la comprensión.

28 de Julio, 20.00 a 21.15

Sala Equilibrium Yoga, Ronda Universidad 33 3-2b, Barcelona.

10 euros

Reservas e información: Michael.gadish@gmail.com  

¿Dónde vivimos?

El recuerdo es una dimensión especial de esta realidad en la que vivimos. Una dimensión cercana y a su vez inasible; líquida; y también concentrada.

Podemos recordar un texto, o una serie numérica, y volver a repetirlo a través del tiempo. También podemos recordar un evento, pero en ese caso reproducimos más bien la sensación interior, la emoción, que relacionamos con la narración de unos eventos pasados que nosotros consideramos estar relacionados entre sí.

Un parque de atracciones, por ejemplo, es muchas cosas: palomas que picotean sobras de comida que los niños han dejado caer, polvo, ruido de motores, aroma de azúcar quemado, esperanzas de reunión familiar, ansiedad, etc. Pero el recuerdo que nos queda de un parque de atracciones es una cualidad, casi una sensación, que unifica la experiencia en una sola impresión física; un sabor, o sustancia (rasa, en sánscrito). Y este recuerdo depende de cómo hemos llegado al lugar, y desde dónde; en un sentido exterior e interior. El recuerdo es el lugar de confluencia de dos mapas, el del trayecto externo, el del encuentro con las formas del mundo físico, y el trayecto interno, el de las cualidades que atribuimos internamente a las experiencias físicas.

Después, el recuerdo se sigue transformando, y re-transformando, a partir de la interpretación posterior de la experiencia. El viaje continúa, la exploración del mapa se despliega de manera inevitable a causa del tiempo. Crecemos, y recordamos la infancia con dolor y alegría. Se forma el recuerdo de dos parques de atracciones internos: Uno, sombrío, al que no nos llevaron, en el que nos decepcionamos con la vida, por no ser tan intensa, segura, gratificante o justa como nos gustaría. Otro, esplendente, en el que los colores joviales anuncian desde la lejanía la apertura de un vórtice luminoso que hala nuestra atención hacia los armónicos templos luminosos de la dicha universal. ¿Cuál es el parque de atracciones real?

El Mahabharata es también la historia de un choque con la realidad. A los príncipes protagonistas, quienes han nacido para cuidar y volver prósperos sus dominios, se les desmorona el reino entre las manos, a través de una guerra apocalíptica que ni pueden, ni quieren, ni saben cómo evitar.

Al final, quedan los destrozos, el recuerdo y la reflexión. Por esto Yudisthira, el príncipe heredero, pregunta a todos los maestros disponibles a su alrededor, en busca de una respuesta a esto que le ha pasado por encima: La vida.

Yudisthira cuestiona cada detalle de lo que ve. Observa los preparativos de su propia ceremonia de coronación y le pregunta al sacerdote encargado: «-¿Por qué hay cuatro oficiantes en cada ceremonia?»

Parece que su crisis es profunda, y gracias a ello podemos instruirnos los lectores también:

«-Escucha el supremo misterio» responde, atento al estado vulnerable del rey, el sacerdote:

«-el agente, la acción, el instrumento y la emancipación – estos son los cuatro sacerdotes oficiantes que envuelven el universo. Escucha cuáles son los medios que usan: La nariz, la lengua, los ojos, la piel, las orejas como quinta, la mente y la inteligencia – estas siete se conocen como las cualidades asociadas con el agente. Olor, sabor, forma, sonido, tacto como quinta, lo que se piensa y lo que se entiende – estas siete son las cualidades asociadas con la acción. El que huele, el que come, el que ve, el que toca, el que escucha como quinto, el que piensa y el que entiende – estos siete son conocidos como las cualidades asociadas al instrumento. Poseen cualidades, buenas o malas, y son consumidos por sus propias cualidades. La persona que se sabe estar más allá de las siete, y carente de cualidades, tiene motivos para la emancipación. Los entendidos saben que estas cualidades ocupan sus lugares respectivos. Son las formas de los dioses, que siempre disfrutan de las oblaciones. Los ignorantes consumen y desarrollan una sensación de propiedad. Este tipo de persona se cocina para sí misma y siempre es destruida por la sensación de propiedad. (…) Lo que es pensado por la mente, lo que es hablado en palabras, lo que es escuchado por los oídos, lo que es visto por los ojos, lo que es tocado por la piel, lo que es olido por la nariz – estos seis son como oblaciones que deberían ser reguladas por la mente. Estas cualidades deben ser ofrecidas al fuego resplandeciente que brama dentro del cuerpo.[1]»

«-Hay un gobernante, no hay otro» continúa el sacerdote: «-Allí donde voy me emplea siempre el mismo. El gobernante es el ser que está establecido en el corazón, y gobierna desde allí. Yo soy movido por él. Hay un solo maestro, no hay segundo; está en el corazón y siempre es de él de quién hablo. (…)

En una ocasión», sigue contando a Yudisthira el mismo sacerdote: «-las serpientes (naga) fueron a ver al ser primordial, al universo personificado (Prajapati), y le preguntaron: «-¿Qué es lo que sería mejor para nosotros?». El ilustre centro del universo (Brahma, en este caso sinónimo de Prajapati), pronunció la sílaba «Om». Oyendo esto huyeron todas las serpientes hacia direcciones diferentes. Habiendo oído lo que estaba destinado como instrucción para ellas, para su ser, se dispersaron.

La inclinación a morder apareció así entre las serpientes.  Los Asura desarrollaron la insolencia en su conducta. Los dioses fueron reclutados a la labor de ofrecer el auto-control a los sabios (Maharshis). Todos recibieron su instrucción personal a partir de una sola palabra».

Así que así es como es engrana el universo entero en una sola palabra. Como maquinaria de una enorme y compleja noria, en un parque de atracciones incomprensible. Todo engranado y apoyado en el corazón, que es uno solo y está en todas partes, que son el centro del universo.

Lo que comprende esto, cuando se comprende, si se comprende, se ofrece al fuego resplandeciente, intenso, que brama en el interior de nuestro cuerpo. Así es como moramos el parque de atracciones cósmico. El parque de atracciones galáctico. El parque de atracciones Universal.

Todo esto es Om.

[1] Todo el texto que cito en esta entrada proviene del Ashvamedikha Parva 25 y 26, en el Mahabharata.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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