Siguiendo el sendero

Queda poco más de un mes para estrenar el segundo espectáculo de Respirar el Mahabharata y me estoy encontrando con un estado anímico y mental comparable al que tenía el año pasado alrededor de estas fechas. Recuerdo que el pasado noviembre me encontré en la situación de que de tanto releer y darle vueltas a las mismas historias del inicio del Mahabharata llegué a una situación en la que ya no era más capaz de tomar apuntes por escritos y empecé a tomar los apuntes de lo que estudiaba en dibujos.

Recuerdo que la sensación era la de tener la función racional saturada pero el anhelo de avanzar en el estudio del Mahabharata fresco y vivo. Del encuentro de la necesidad de estudiar bien las historias que me disponía a narrar para el público y la saturación intelectual surgió el tomar apuntes en forma de dibujos; no fue una idea que me planteé de antemano y puse en acción sino algo que de repente se hizo, sin más. Un día empecé a tomar apuntes en dibujos porque no podía ser de otra manera, y no tardé en encontrar un lenguaje personal de jeroglíficos que me ayudaban a recordar el Mahabharata. Más tarde, este interés intuitivo en el funcionamiento de los jeroglíficos me llevó a interesarme por los libros de Medhananda, que encontré en la librería del ashram de Aurobindo en la India, pocos meses después del estreno de Respirar el Mahabharata I, y los escritos de Medhananda han sido una de las influencias más importantes en este segundo año del proyecto… «Los mundos son solo un lugar de juego del tú y el yo y una máscara colorida del dos en uno, yo soy en ti y tú eres en mí, oh amor.[1]»

Ahora, un año después, me encuentro con la misma sensación y la dificultad de proponer un texto nuevo de la tradición del Mahabharata para compartir en el blog. A pesar de que los últimos quince días han estado muy cargados de vivencias relacionadas con el proyecto de Respirar el Mahabharata, estas han sido vivencias interiores basadas más en los encuentros personales, en la escucha y en una práctica física que no en la lectura de textos. Y cuando termino esta última frase vuelvo a escuchar el insistente helicóptero de la policía que sobrevuela el cielo de Barcelona como un pesado e insistente moscardón. Yo estoy convencido de que el Mahabharata y el arte espiritual durará mucho más que los procesos políticos actuales, por eso continuo con este proyecto con la misma insistencia, porque estoy convencido de que aporta mucho al bienestar humano. Bienestar no en el sentido de comodidad material, sino en el sentido profundo de un Estar Bien en el mundo. El Mahabharata ofrece señales del sendero que puede avanzar la humanidad en conjunto, para ofrecer lo mejor de sí. Pero estar comprometido con este proyecto no implica ignorar los ánimos políticos de la hora o dejar de participar en las protestas que mi limitada y condicionada conciencia crea necesarias.

Dejando de lado al helicóptero, vuelvo a lo que decía, que estas dos últimas semanas han estado más llenas de trabajo físico y emocional dedicado al proyecto que no de lecturas. El pasado fin de semana, por ejemplo, tuvimos una sesión intensa de ensayos con Gisele Cornejo, compañera de proyecto en el desarrollo de este segundo capítulo de Respirar el Mahabharata.  El trabajo del segundo año se ha centrado alrededor de la investigación artística del número 2 y la dualidad en las relaciones de pareja de la primera generación del Mahabharata. Parejas de reyes y reinas, reinas y ascetas, reinas y dioses o reyes y ninfas. Parejas de humanos con humanos y humanos con el mundo imaginal. Seres que salen del bosque de lo invisible como las apsarā, las “ninfas” que fluyen (sara) en el agua (ap), que nacieron cuando los dioses volcaron el calor en el océano:

 

           «Para que todo funcione como debe funcionar,

templo para ti el deseo,

 que los dioses han vertido en las aguas.

                 Para que las cosas sigan el curso que han de seguir,

avivo para ti el recuerdo del éxtasis,

que los arcanos han vertido en las aguas.

 Para que pase lo que ha de pasar

caldeo para ti la intimidad,

que la soberana celeste ha vertido en las aguas.

Para que circule lo que ha de circular,

enardezco para ti las palabras melosas

que el vigor de lo heroico, templado por la sabiduría,

ha vertido en las aguas.

Para que fluya lo que ha de fluir,

enciendo para ti el amor

que lo mejor que puedo ofrecer de mí

ha volcado en las aguas.[2]»

 

«Para que pase lo que ha de pasar», como dice el verso, si se quiere que «se cumpla lo que se tiene que cumplir», hay que “calentar” el “amor”.

Donde traduzco por “pase lo que tenga que pasar” o “sea lo que tenga que ser”, “fluya lo que tenga que fluir”, etc. pone en el original más bien «que se cumpla el Dharma de Varuņa». Varuņa es el orden en las aguas universales; una consciencia que excede a la comprensión humana y ata con unos lazos cósmicos (nunca me canso de este adjetivo) las consecuencias de cada movimiento y acción. El Dharma es algo más transcendental que Varuņa y más concreto. El Dharma es el “sostén de las cosas”. El Dharma es la armonía del universo. Para que “la armonía del universo corresponda al movimiento de los lazos cósmicos de la consciencia transcendental que permea el fluir universal”, podría ser otra traducción. En cuanto a lo que se vuelca en las aguas, se trata de «smara». Smara viene de la raíz smŗ, que es recordar, pero smara es también amor – conversación íntima de alcoba – deseo erótico – recuerdo amoroso – o un intérprete de los textos sagrados. Está muy relacionado, en realidad, porque un intérprete de los textos sagrados (Veda) es alguien que “recuerda con amor” ese acto de pasión original del cual nacimos todos, del cual nació el universo. Por esto es interesante notar como la traducción inglesa de Ralph T.H. Griffith, de 1895, traduce el verso como: «el filtro», volcado en las aguas, o el «hechizo», volcado en las aguas; entendiendo smara como seducción mágica. Sofia Moncó, en el bello recopilatorio de himnos de Mujeres en los Vedas, editado por Akal Oriente, traduce «el amor que los dioses han vertido en las aguas». Esta traducción es efectiva porque la palabra amor recoge todas las acepciones mencionadas: el amor es un filtro, un hechizo, una sabiduría… ¿qué es, el amor?

En fin, la cuestión es que hay un amor, o un recuerdo de un amor arcano, erótico y transcendental a la vez, que calienta las aguas por las que fluye el orden universal, que permite que las cosas pasen. Calentando, avivando, este recuerdo del amor… cósmico, se llega al encuentro con la energía que mueve la vida. Con esa energía que habla en los textos ancestrales, y dice:

«Yo transito la atronadora existencia[3] entre sus elementos[4], las potencias de la libertad[5] y los dioses que miran desde las estrellas[6]. Soy el centro del poder[7], el fuego que conecta el cielo con la tierra[8]y con los ciclos de la naturaleza[9]. Soy el soporte del vino de la inmortalidad, que brota de la piedra sacrificial; soy la base de lo que da forma[10], de lo que inspira tu viaje[11] y del gozo heredado[12]. Soy quien dispensa el fruto de la acción al ejecutor del sacrificio ritual, que nutre a todos los dioses con sus ofrendas. Soy el Reino, la dadora de bienestar, la conocedora de la esencia de las cosas. Vengo primera en todos los rituales. Mi esfera es amplia, yo habito todas las cosas…[13]»

Esta es la energía con la que nos estamos encontrando junto a Gisele, para que, entre los dos, ofrezcamos al público una narración más viva, más real, del Mahabharata. Así hacemos nuestra aportación al trabajo de continuar avivando la llama que guarda el Mahabharata, la llama en el centro de las aguas, la llama de la inmortalidad.

**

Dentro de quince días me propongo seguir este escrito, ampliando un poco la explicación de las decisiones que he tomado para la traducción de los textos y por qué considero tan importante tomar como referente algún texto de la tradición en cada entrada.

 

 

[1] Sri Aurobindo, citado por Medhananda en El juego de la Eternidad – traducción de Anandí

[2] Atharva Veda, Libro 6, Canto 132. – Traducción personal.

[3] Rudra

[4] Vasu

[5] Aditya

[6] Vishvadevas

[7] Indra

[8] Agni y Mira-Varuna

[9] Ashvin

[10] Tvastŗ

[11] Pushan

[12] Bhoga

[13] Devi Shukta, himno a la diosa original del Rig Veda X,125. Traducción basada en la de Olivia Cattedra en Upasana – Tesoros de la India, Mard el Plata, 2006.

Kunti, Maheshwari, tradición y compasión

Kunti es la madre del Mahabharata.

Kunti es una mujer, que ha sido bebé, niña y adolescente.

Kunti tuvo su primer período y aprendió a invocar.

[Gisele: Me llama la atención que Kunti aprenda la invocación cuando tiene sus primeros períodos. Tiene algo de iniciación femenina, porque el ciclo del período está conectado con los ciclos lunares, como lo micro y lo macroscópico, y la iniciación femenina está relacionada con la actitud de integrar y unir, como la mamá que reza siempre para que la familia esté junta.]

Pero Kunti, adolescente, invocó al dios del sol sin ser consciente del significado de la invocación.

Kunti quedó embarazada.

Confundida.

Aislada de su entorno.

Envuelta en una mentira, en una ocultación, Kunti pare en el bisque, a escondidas, un secreto:

(Gisele: ¿No sería mejor da a luz?)

El hijo del sol.

El bebé de la armadura dorada.

Su madre lo coloca en una cesta, por temor, y la Gran Diosa, hablando a través de su comadrona, le dice a Kunti:

-¿Qué puedes temer mientras yo siga viva?

Y Kunti le habla a su cesta:

-Hijo, ¿qué puedo hacer? Por temor a la vergüenza, te dejo, a pesar de que me seas caro como la vida.

Debo tener una fortuna excesiva, si puedo renunciar a un hijo tan auspicioso como tú. Que la Gran Diosa sin atributos, la Madre y señora de todos, bendecida por todos los atributos, te proteja. Que la que otorga todos los deseos te alimente con su leche.

Lamentablemente te dejo ir, a ti que has nacido del semen del sol en esta floresta solitaria, como una mujer confundida y sin rumbo. No sé cuándo volveré a ver tu cara de belleza incansable. ¡Me eres caro como mi mismo ser!

Viviré grandes penurias para expiar el pecado de abandonarte conscientemente en este bosque.

Kunti entrega la cesta a su comadrona con terror a que alguien la vea. Kunti se baña y permanece en casa de su padre con el miedo anclado en el corazón.

Un conductor de carros recogió la cesta.

Una cesta dorada que flota sobre la vibración insondable.

Una cesta dorada que flota sobre el océano celeste.

La cesta era la herramienta de la mujer en la edad de piedra; en ella recolectaba raíces comestibles, frambuesas, frutas y hojas, moluscos y caracoles para su familia.

Como símbolo mitológico, dicen que la cesta alude a la actividad de nuestra mente, recogiendo información en su cesta de la memoria.

El humano, en busca del sentido, encuentra significados en todas partes; recoge la información repartida por el universo en elementos infinitesimales e innumerables formas y situaciones, físicas y psicológicas. A medida que las descubre todas las coloca con cuidado, una a una, en su cesta.

La cesta mitológica reúne la tradición humana, recogida pepita a pepita, bajo los rayos del sol.

Porque Kunti es una mujer, pero a través de ella actúa también la Gran Diosa. Pues lo que el discurso espiritual llama La Madre es siempre una sola pero se aparece ante nosotros en diferentes aspectos; porque muchos son sus poderes y sus personalidades, muchas son sus emanaciones y encarnaciones (vibhuti) cumpliendo su trabajo en el universo. La Una a la que adoramos como la Madre es la Fuerza de la Consciencia divina que domina toda la existencia, el océano vibratorio en el que brilla la cesta dorada de Kunti. Y la Madre tiene tantos lados que seguir su movimiento resulta imposible hasta para la mente más veloz y para la más libre y vasta entre las inteligencias. La Madre es la consciencia y la fuerza de lo Supremo y ella crea desde las máximas alturas.

Pero algo de las maneras de la Madre Sagrada puede ser visto y sentido a través de las acciones y los cuerpos que toma y el más alcanzable, por ser más limitado y definido, temperamento de las formas de las diosas en las que consiente ser manifestada.

La Gran Emperatriz (Maheshvari) se sienta en la inmensidad sobre la mente y la voluntad pensantes y las sublima y engrandece en sabiduría y una amplitud que las desborda con un esplendor que llega mucha más allá de ellas. Pues ella es la sabia poderosa que abre para nosotros la infinitud de la vastedad cósmica supramental a la grandeza de la luz suprema, a la sala de los tesoros del conocimiento milagroso, al inmesurable movimiento de las fuerzas eternas de la Madre.

Ella es tranquila y maravillosa, enorme y para siempre calma. Nada la puede mover porque toda la sabiduría reside en ella; nada que desee saber se le puede esconder; comprende todas las cosas y todos los seres, y su naturaleza y aquello que los mueve y la ley del mundo y de sus tiempos y cómo todo fue, y es, y ha de ser.

Hay en ella una fuerza que lo encuentra todo y lo comprende y nada puede resistir, al fin, su vasta sabiduría intangible y su enorme y tranquilo poder. Ecuánime, paciente e inalterable en su voluntad, trata con las personas de acuerdo a la Fuerza y la verdad que hay en ellas. Parcialidad, no tiene ninguna, solo sigue los decretos de lo Supremo y a algunos los eleva y a otros deriva o aparta de sí hacia la oscuridad. Al sabio le otorga más luminosa sabiduría; a los que tienen visión les admite sus consejos; a los hostiles les impone las consecuencias de su hostilidad, al ignorante y alocado los guía de acuerdo a su ceguera. En cada persona expande y lleva los diferentes aspectos de su naturaleza de acuerdo a su necesidad y la urgencia de reciprocidad que se le pide. Aplica sobre la persona presión necesaria o la deja con su celebrada libertad para prosperar en las vías de la ignorancia o perecer. Pues ella no está, en última instancia, atada a nada, o apegada a nada en el universo. Aun así tiene más que nadie el corazón de la Madre Universal. Pues su compasión es ilimitada e inexhaustible; todos son bajo su mirada hijos suyos y porciones de lo Uno, incluso los demonios sin forma (Asura) y los monstruos (Rakshasa) y los fantasmas (Pisacha) y los que le son rebeldes u hostiles. Incluso sus rechazos son solamente un aplazamiento, incluso sus castigos son una gracia. Pero su compasión no ciega su sabiduría o desvía su acción del rumbo decretado; pues la Verdad de las cosas es su única preocupación, el conocimiento el centro de su poder y construir nuestra alma y nuestra naturaleza hacia la Verdad divina su misión y labor.

Esta es la presencia que acompaña a Kunti, la mujer. La vibración compasiva que sostiene la cesta luminosa, el hijo dorado del sol.

Gisele: Kunti, la madre del Mahabharata, vendría a estar relacionada con la luna llena en cuanto a estadio de consciencia. En la luna llena todo lo que está dentro y fue gestado durante el mes, sale, se manifiesta. Las brujas se juntaban en la luna llena porque era cuando se veía mejor para andar de noche en el bosque y porque los umbrales “entre mundos” están abiertos. Kunti es muy consciente de lo que pasa durante el Mahabharata. Cuando durante la guerra, su primer hijo abandonado crece y lucha contra los Pandava, los hijos menores de Kunti, que son sus hermanos, ignora sus orígenes semi-divinos y la identidad de su madre biológica, pero Kunti lo reconoce y sabe en todo momento de su secreto. Esta es la posibilidad de ver de la luna llena, que debe llevar consigo el poder de acoger; es el gran Sí de la energía femenina – el poder de recibirlo todo, incluso la negativa. Es el periodo durante el cual la luna refleja y recibe la mayor cantidad de luz solar. Recibir luz es recibir Conciencia, y esto es el poder de aceptar también decir que no cuando toca. Quizás es lo que lleva a Kunti a abandonar a su hijo en ese momento, sabiendo sobretodo que era un hijo muy especial.

Kunti representa una memoria que está en todas las mujeres, que tiene que ver con el poder de ver la belleza y la tragedia al mismo tiempo. Poder de dejarse impregnar por la vida sin resistirse, una cualidad de carácter femenino, que hombres y mujeres podemos encontrar dentro nuestro.

Gisele Cornejo es cantante, actriz y tarotista. Para el espectáculo del segundo año de este proyecto estamos trabajando juntos el contraste entre hombres y mujeres en este segundo tomo del Mahabharata. Gisele participará como actriz en el espectáculo del segundo año y es natural que la dinámica de los ensayos permee los escritos de este blog, que viene a ser un seguimiento poético de la evolución del proyecto.

Dado que trabajamos la dualidad y el contraste, es relevante que la voz de Gisele aparezca en el blog también identificada bajo su nombre y como una respuesta a mis escritos, en lugar de incorporarse de manera anónima al texto.

Fuentes literarias:

Medhanada – Archetypes of Liberation. Psychodynamics of Ancient Egypt. Identity Research Institute. Pondicherry, India.

Sri Aurobindo – The Mother. Sri Aurobindo Ashram Press, Pondicherry, India.

Veda Vyasa – Devi Bhagavata Purana. (Traducción: Swami Vijnanananda) Amazon Press, 2015

Veda Vyasa – Mahabharata

 

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑