Para qué sirve la narración / las tres respuestas de Savitri

El Mahabharata es la historia de la escalada, el estallido y las consecuencias de un conflicto bélico. De una guerra entre familiares; como lo son todas, porque todas las guerras representan un conflicto dentro de la misma familia humana.

En el caso del Mahabharata los bandos enfrentados son herederos de un mismo linaje, el linaje de los descendientes de Kuru, un rey legendario. La batalla, como indica el texto del Mahabharata, tiene lugar en Kurukshetra, “el campo de los Kuru”. Kshetra, igual que la palabra campo, indica un espacio delimitado; ya sea geográfico, anatómico o temático. El campo de los Kuru es un espacio geográfico delimitado, que pertenecía a los descendientes de Kuru, en el cual estos mismos descendientes, divididos en dos bandos, guerrearon su batalla transcendental.

El campo de los Kuru, es también el campo del Dharma. El primer verso de la Bhagavad Gita, uno de los textos filosóficos más conocidos de la tradición india, que está incluido en el mismo Mahabharata, así lo dice: En el campo de los Kuru, el campo del Dharma, se reunieron los dos bandos dispuestos a guerrear (Ver Bg.Gt. 1.1)

El Dharma es el sostén del universo. Un ritmo, o algoritmo universal, que ordena la realidad más allá de la comprensión humana; algo tan sutil que es mejor no hablar de ello, para no acabar diciendo burradas, y a la vez algo tan importante que sostiene el funcionamiento universal, desde el girar de los átomos hasta la expansión de la luz por  la galaxia.

En un mismo espacio, convergen estas dos polaridades. Por un lado, el campo de acción de los personajes del Mahabharata es el de lo personal y lo concreto. El campo que enmarcaron sus antepasados, un espacio físico atado a las modificaciones del tiempo, al pacto social, al linaje y a las memorias personales. Por otro lado, este mismo espacio es el espacio de lo universal; de lo eterno.

Así es también nuestro barrio: las calles de nuestros recuerdos y las esquinas del Dharma. Cuando bajamos a comprar el pan estamos atravesando, también, lo numinoso, el secreto que transciende las palabras.

Narrando el secreto

Una narración es una suma de elementos. Si digo la palabra cielo, uno tiene una determinada visualización. Si digo la palabra oscuridad, esta vendrá sucedida por otra visualización. Si digo pájaro, es de esperar que uno visualice algún tipo de ave, el dibujo de un pájaro o algo relacionado con este campo semántico. Pero si digo cielo oscuridad pájaro, es fácil que uno visualice el vuelo de un ave a través de un cielo oscuro, y con suficiente atención es más que probable que uno pueda empalizar con lo que este pájaro pueda sentir.

El simple ejercicio de sumar las palabras y enhebrarlas en el tiempo como cuentas atravesadas por un hilo produce una segunda visión. Más allá del significado de cada palabra por separado aparece el destello de otro universo, más sutil, al cual se refiere la narración, más allá de las palabras que la componen. Se nos aparece el campo, el espacio, en el que vuela el pájaro.

Toda narración, toda suma de palabras, es un cruce entre el plano concreto y personal, atado al tiempo, con el plano transcendente en el que vuela nuestro destino.

Savitri, la heroína que salvó a su amado de la muerte, lo salvó usando una narración.

El Mahabharata cuenta que el Dharma se llevó el alma del amado de Savitri, porque ese era su destino, y Savitri, por la fuerza de su amor, pudo seguir al Dharma e incordiarlo durante su partida hacia el más allá:

Savitri, hija mía, ¿por qué me sigues? Este es el destino de todos los mortales– Le dice Dharma.

No te sigo a ti, padre mío, sino que también es el destino de toda mujer ir donde su amor la lleva. Y la ley eterna no separa al amante esposo de la fiel esposa. – Responde ella.

La respuesta de Savitri agrada al Dharma. El Dharma se acerca a ella y quiere regalarle un regalo, el que sea, menos la vida de su amado.

Savitri pide al Dharma, al orden sutil del universo, que le devuelva la vista a su suegro ciego.

Y Savitri continúa siguiendo al Dharma hacia el otro mundo. No puedo hacer otra cosa, le dice al Dharma, porque su alma sigue siendo la mía, por lo que me veo unida a él. Y esto también le agrada al amparo universal, que otorga otro favor a Savitri. Y ella pide que su suegro, el padre de su difunto amado, recupere el reino que había perdido.

Concedido, hija, pero vuélvete porque ningún ser vivo puede seguir a Yama, – o si se quiere, ningún ser vivo puede seguir el Dharma a estos planos tan sutiles. 

Porque, continúa hablando el Dharma, –¿y si tu marido ha sido un malvado y me lo estoy llevando a su infierno, lo vas a seguir igual?

Al infierno o al cielo, iré donde va él, ya sea en vida ya sea en la muerte. Responde Savitri, y esto agrada por tercera vez al Dharma, que le concede otro regalo. A esto Savitri responde que lo que le gustaría es que continuara sobre la tierra, -en lo concreto, en lo personal- el linaje de su suegro.

El amado de Savitri es hijo único, y la única manera de que continúe el linaje de su familia en la tierra es devolviéndolo al mundo; devolviendo la vida a su cuerpo.

¿Consigue Savitri engañar a Yama o se deja el Dharma engañar por esta heroína para legarnos a todos la narración de su hazaña?

¿Y cuál es el secreto de las respuestas de Savitri? ¿Qué podemos aprender de ellas?

Mi propuesta es que lo que podemos aprender de las respuestas de Savitri está escondido en la narración. Es decir, la suma de preguntas y respuestas en el diálogo entre Savitri y el Dharma abre la percepción a un espacio que transciende la temporalidad, y lo que transciende la temporalidad transciende el lenguaje, porque las palabras son concretas y están ancladas en lo lineal.

Lo que las narraciones espirituales del Mahabharata trazan es un sendero hacia lo sagrado, desde lo concreto. Porque palabras como sagrado, espiritual o Dios, no tienen mucho sentido para los herederos del materialismo, que hemos perdido el contacto con lo transcendente a causa de una larga educación de negación de lo divino, por un lado, y la utilización de la imaginería tradicional de lo sagrado para fines materiales, por otro.

Pero el plano sutil existe, porque sin él, ir a comprar el pan se convierte en una experiencia seca y apagada, y los rayos del sol temprano no son más que una molestia, un estorbo más en el tedioso paso de los días. Sin embargo cuando aceptamos la presencia sutil de los sagrado la luz del mismo sol puede ser casi tan alimenticia como el pan que no sabemos hasta cuándo vamos a poder pagar.

En el campo de lo concreto, y en el campo de lo sutil, transita el ser humano. Las narraciones sagradas nos permiten comprender ambos caminos, y reajustar el paso por uno y otro, y la relación entre ambas caras de una misma realidad.

¿Cómo entender la respuesta de Savitri? Leyéndola, y dejando que el pájaro de la intuición vuele por el cielo de lo innombrable. Y cuando lo perdemos de vista en el horizonte, volvemos a leer las respuestas de Savitri, y mandamos otro pájaro. Porque mientras vivamos, y no perdamos de vista las narraciones sagradas, no habremos perdido el sendero de la inmortalidad.

Los Kaurava, mis cien enemigos

Existe un largo período de la humanidad prehistórica al que llamamos la Edad de Piedra. Sin embargo para la joven humanidad aquella fue más bien la Edad de las Estrellas, la edad de la magia del cielo estrellado, la era del conocimiento de la manera de llegar a ser estrella.

El interior de muchos sarcófagos en el antiguo Egipto todavía estaba totalmente cubierto de estrellas; la leyenda de Hércules lo llevó a convertirse también en constelación, y algunas reminiscencias de esto podemos ver en el Mahabharata también, cuando Bhīșma, uno de sus personajes principales, elige morir durante el solsticio de verano, para iniciar el camino hacia el norte, el sendero de las estrellas.

Las estrellas esparcidas sobre la bóveda nocturna son un arquetipo del ser humano y sus peregrinaciones de vida en vida.

El arquetipo de todas las cualidades luminosas de la humanidad separadas y unidas a la vez, como en una gran colmena. Esas partes de nosotros seccionada en fragmentos, que quiere verse reunida de nuevo.

El Mahabharata es la historia de una guerra. La guerra de cinco hermanos: El sostén,

la energía,

la realeza

y la salud,

contra sus 100 primos:

las cualidades que no nos gustan ver en la humanidad.

Pero es una guerra que los Pandava, los cinco hermanos protagonistas, no desean.

Los 100 Kaurava, los 100 hijos de un rey ciego y una reina que no quiere ver, son el enjambre de las cualidades que no queremos aceptar en nosotros.  El enjambre que Bhīșma (el abuelo, tanto de los Pandava como de los Kaurava) no consigue reunir.

A las luces que decoran el cielo las vemos como nuestra voluntad de abrazar todo y ser todo; su profundidad nos mantiene en resonancia con la plenitud. Los esfuerzos de Bhīșma para evitar la guerra simbolizan la energía de la voluntad, que nos lleva de nuevo, con cada latido, la comprensión de que la verdadera vida no tiene fin y va de nacimiento en nacimiento.

El corazón de todos los corazones, el contenedor místico de la plenitud de la vida, se hunde en la colmena celeste; la colmena que nos enfrenta a una aparente paradoja, que exige ser resuelta sobre Kurukśetra, sobre el campo del Mahabharata; sobre la tierra.

Los 100 Kaurava se pueden tomar como un símbolo de nuestro cuerpo físico, con sus millones de células yendo y viniendo, renaciendo tantas veces y laboriosamente recolectando miel. ¿Para quién?

Para nosotros, su dios.

Eso nos lleva, también, a experimentar la multitud divina, exuberante en el pulsar de la vida, en un solo corazón, que es el cielo.

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En el corazón del cielo todos los seres son uno.

El corazón del cielo se va volviendo una vivencia más y más amplia a medida que intimamos la unión con nuestro auténtico ser. Primero unimos la vida que vivimos al más allá, después a nuestras vidas pasadas y futuras, hasta unirla finalmente a las vidas de todos los seres vivos. Esta es la comprensión que nos fue ofrecida en la pre-historia, en esa fase temprana de nuestro sendero hacia la eternización. Y puede que la eternidad no consista solamente en esto, pero esta comprensión nos lleva a la dulzura de la eternidad, y la podemos saborear aquí y ahora.

 

P.D: El texto de arriba es una adaptación de un fragmento del estudio de Medhananda sobre el juego egipcio de Senet, que servirá de base para el inminente estreno del segundo espectáculo de Respirar el Mahabharata, el próximo 12 de Diciembre, en Buenos Aires, Argentina.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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